| Autora: Karla Velezmoro |
«Yo sé que cuando me despierte, no te voy a encontrar.» Es la frase de una hija que, desde hace más de 30 años, solo en sueños logra ver a su padre desaparecido. La historia de Jacqueline Yauri, hija del periodista Pedro Yauri —asesinado y desaparecido durante el gobierno de Alberto Fujimori— encapsula el dolor crónico de la ausencia. Es también un clamor de justicia que el pódcast puede rescatar y amplificar, devolviendo voz a quienes el silencio intentó borrar.
El podcast, como medio de comunicación íntimo, es una herramienta fundamental en la preservación de la memoria histórica. Sirve como un archivo sonoro que desafía el olvido, visibilizando las heridas abiertas de la injusticia y asegurando que el calvario de las víctimas y sus familias —como la de Yauri— no quede sepultado bajo el peso del tiempo. Este formato no solo relata los hechos: se convierte en un espacio donde los ausentes recuperan su voz y donde las peticiones de verdad y justicia, tantas veces ignoradas, pueden finalmente resonar.
Pedro Yauri era un periodista reconocido en Huacho, al norte de Lima. Sociólogo de formación, pero periodista por pasión, dirigía el programa radial “Punto Final” en 101.7 Radio Universal. Su espacio se convirtió en una tribuna, con un “micro abierto” para denuncias públicas contra autoridades y abusos de poder. Yauri mostró un compromiso inquebrantable con los más vulnerables, en especial con la población campesina.
Su destino se selló cuando denunció al aire la detención arbitraria de la familia Ventosilla. Gracias a la presión mediática que él mismo lideró, la familia fue liberada; sin saberlo, Yauri había firmado su sentencia. La madrugada del 24 de junio de 1992, seis hombres, la mayoría vestidos con ropa de comando y un encapuchado, irrumpieron en la casa de su padre, Don Anastasio. Frente a él, lo arrancaron violentamente de su hogar.
El periodista fue secuestrado por el grupo Colina, un destacamento paramilitar responsable de crímenes atroces como La Cantuta y Barrios Altos. Lo interrogaron y torturaron en una playa. Hasta sus últimos instantes, Pedro Yauri se mantuvo firme, como lo reconoció uno de los propios integrantes del escuadrón durante el juicio al expresidente Fujimori. Esa dignidad frente a la muerte se ha convertido en un legado que el pódcast rescata y amplifica, incluso al rescatar la voz de los victimarios que confesaron su crimen.
La narración en audio también abre paso al dolor íntimo de los familiares. Jacqueline, su hija, revive la angustia permanente de crecer con una ausencia que no se cierra. Sus palabras revelan un temor constante: morir sin encontrar los restos de su padre, como ya le ocurrió a su abuelo, Don Anastasio, quien buscó durante dos décadas sin éxito. Su mayor súplica fue sencilla y universal: poder darle un entierro digno.
El caso de Yauri expone cómo la impunidad persiste incluso frente a confesiones. Integrantes del grupo Colina admitieron su responsabilidad, pero nunca señalaron con exactitud dónde están los restos. Aun así, muchos se beneficiaron de la colaboración eficaz y reducciones de pena, mientras la familia sigue sin respuestas.
Aquí el podcast cumple una función: ejercer presión social, mantener viva la memoria y recordarnos que la historia no puede cerrarse mientras la verdad siga oculta.
No es casualidad que hoy celebremos el Día Intenacional del Pódcast y mañana, en el Perú, el Día del Periodista. Una fecha sucede a la otra como un recordatorio poderoso: el periodismo tiene en el podcast un aliado para rescatar historias que un día fueron portada y darles continuidad, preguntando lo que el poder quisiera olvidar: ¿qué pasó después?
El podcast, como archivo sonoro y espacio de resistencia, asegura que el nombre de Pedro Yauri y de las miles de víctimas de desaparición forzada entre 1980 y 2002 no se diluya en el silencio. Su eco persiste. Y con cada episodio, la pregunta fundamental sigue resonando en la conciencia colectiva:
¿Dónde está Pedro Yauri?



